guti_way,
COLEGIO NTRA SRA DE LOS DOLORES | 30 Noviembre 2007 15:06
Agustín estaba merendando con un amigo Sebastián de su panda en el polideportivo y este decidió gastarle una broma.
Con cuidado cogió un papel de su mochila y escribió en él " cariño soy mama, te tengo que dar una mala noticia, terry nuestro perro se a caído por un puente. Ven a casa supongo que nos dejamos la verja abierta".
Entonces le dijo a Sebastian: "Toma me acaban de dar esto, creo que es para ti"
En ese momento a Sebastian se le puso la cara blanca, tiró su bocadillo y salió corriendo. Agustín se reía a carcajadas cuando vio que su amigo se alejaba corriendo.
Al día siguiente, en el instituto Sebastian no asistió a clase. En el recreo, Agustín contó lo que había echo, y sus amigos le contaron que cuando a Sebastian se le perdió su primer perro se drogo con pastillas del botiquín de su casa.
Al salir de clase fueron a casa de Sebastian y vieron que todo el mundo iba de negro. al preguntar por él a su madre se puso a llorar y dijo que se fue corriendo y salto del puente para encontrar a su pero y que al día siguiente un guardacostas encontró su cadáver en los depositado en los juncos junto al la orilla.
Desde entonces Agustín no volvió a gastar una broma.
Valoración
Original (2)
Profundo (11)
Como la vida misma (1)
Mola (2)
Divertido (3)
martuki_uki,
IES AXULAR | 30 Noviembre 2007 17:13
Un día Agustín cuando salia de entrenar del polideportivo se encontró con una chica rubia y muy guapa que le pregunto donde estaban las piscinas pues era nueva en el pueblo y se quería apuntar.Se quedo alucinadado por su belleza pero le acompaño a recepción a apuntarse.
Valoración
Original (1)
Profundo (1)
Como la vida misma (2)
Mola (4)
Divertido (0)
...:::Jud!t:::...,
COLEGIO AVE MARIA | 30 Noviembre 2007 22:04
Todo los días se llevaba un bocadillo para tomar en el recreo. Cada día, entre las dos rebanadas de pan, que generalmente eran tostadas, ponía una cosa diferente. Lo que más le gustaba era el jamón que, como él decía: jamón, típico español. Pero le gustaban más cosas, como el paté, el chorizo o el queso.Comía sano aunque últimamente se le veía un poco mas fondón que de costumbre.
Era buen estudiante y los estudios eran su prioridad.
Un día, cuando llegó del colegio, sus padres le dijeron que, posiblemente, tuviesen que trasladarse otra ciudad por el trabajo de su madre.
Agustín no se lo tomó nada bien. Era una ciudad cercana pero no era su querido pueblo. Su vida le gustaba, sus amigos eran muy importantes para él.
- Los buenos amigos se cuentan con los dedos de una mano - decía.
Había razones de peso para no querer marcharse. Se acercaba el puente de la constitución y sus padres irían a ver la ciudad y las posibilidades de mudarse. Durante el puente, Agustín se quedó con sus abuelos pero deseando que a sus padres no les gustara la ciudad.
Cuando estos volvieron, le explicaron todo.
- Hemos visto una casa muy bonita. Es asequible a nuestro nivel económico y está cerca del que podría ser mi nuevo lugar de trabajo. Hay también un colegio muy cerca donde nos hemos informado y podrías entrar a estudiar allí. Cerca de la casa hay un montón de tiendas para comprar todo lo que necesites. Hay también un polideportivo donde podrás ir a jugar - le dijeron sus padres.
A Agustín no le hacía gracia la idea. Le gustaba su casa, era feliz.
Sus padres no le entendían. Agustín no dijo nada durante unos días pero no pudo más y les dijo lo que pensaba. Ellos no le dijeron nada en ese momento, no se lo esperaban, y él, se fue al colegio.
Esa mañana Agustín no tenía apenas hambre y no se comió el bocadillo. En clase estaba despistado, no era el mismo de siempre.
Al volver a casa subió a su habitación sin decir hola y sin pasar por la cocina, que era lo que normalmente hacía.
Sus padres le llamaron. Pensó que era para decirle que se iban a ir en unos días o algo parecido. Pero nada más lejos de la realidad. Le dijeron que su felicidad era lo más importante para ellos y que si el era feliz en su amado pueblo, se quedarían allí.
Agustín se sentía el niño más feliz del mundo.
Valoración
Original (0)
Profundo (6)
Como la vida misma (1)
Mola (0)
Divertido (0)
Tiza,
COLEGIO AVE MARIA | 5 Diciembre 2007 14:31
Y podría haber continuado siendo tan simple como el mecanismo de un chupete si esa tarde de invierno Agustín no se hubiese decidido a abandonar su posición en el sofá del salón para ir a dar un paseo. Salió de casa. Sólo llevaba el bocadillo, todo lo demás sería únicamente peso extra. A Agustín le gustaba la gente, de hecho, tenía un par de buenos amigos con los que pasaba la mayor parte del tiempo (charlando, riendo, jugando al baloncesto en el polideportivo del pueblo de al lado...), pero aquel día le apetecía estar solo. Así, cuando tuvo que decidir qué dirección tomar, optó por torcer a la izquierda, alejándose de las calles más concurridas. Llegó a unas callejuelas retorcidas y oscuras, "el lugar idóneo para jugar al escondite cuando tienes cinco años", pensó Agustín recordando sus propias experiencias. Salió del pueblo. El suelo del campo estaba blanco, totalmente nevado y los árboles no tenían ni una hoja, dada la estación del año en la que se encontraban. Cruzó el puente sobre el río Duero, cuyas aguas desfilaban elegantes y silenciosas. Empezaba a anochecer. De pronto, Agustín creyó distinguir dos siluetas unos metros más allá. Impulsado por la curiosidad, aceleró el paso, con el fin de averiguar de quién se trataba.
-Hola- saludó él cuando se hubo acercado lo suficiente. Las dos siluetas se dieron la vuelta. Agustín no reconoció a ninguna de las dos niñas que, abrigadas de pies a cabeza, paseaban cogidas de la mano.
-¿Cómo os llamáis?- les preguntó amablemente. No obtuvo respuesta.- De acuerdo... no os llamáis. ¿De dónde sois? ¿O tampoco sois de ninguna parte?- bromeó el chico.
-Pues claro que nos llamamos, tonto- contestó la muchacha más pequeña, ofendida. Agustín miró a aquella niñita rubia malhumorada que apenas le llegaba por la cintura. Luego miró a la chica, mayor que ella, que le acompañaba. "Serán hermanas", pensó observando su parecido.
-Soy Paula y ella es mi hermana Carla- se adelantó ella-. Solemos venir a pasear por aquí todas las tardes. ¿Quién eres tú?
-Me llamo Agustín- dijo.
-¡Yo me llamo Carla Sanz Fernández!-chilló la pequeña, presentándose otra vez-. ¡La señorita Puri dice que no tenemos que hablar con desconocidos! ¡Y mañana en clase se lo voy a decir, Paula, que has hablado con...!
-¡Carla!- intervino su hermana, divertida- Agustín no es un desconocido. La niña cruzó sus bracines e hizo ademán de enfadarse.
-Oye, Carla- le propuso Agustín, que había aguantado el chaparrón heroicamente-¿quieres que jugemos los tres?¿Quieres que juguemos al pilla-pilla?
La niña reflexionó durante unos instantes:
-¡Vale, tú la quedas!- dijo, alejándose rápidamente.
Valoración
Original (3)
Profundo (1)
Como la vida misma (0)
Mola (0)
Divertido (1)
Imanae,
COLEGIO ASUNCION-VALLECAS | 10 Diciembre 2007 17:04
Un día, cuando Agustín paseaba tranquilamente por el polideportivo, una preciosa muchacha de su clase se le acercó. "Agustín... ¿vendrías a dar una vuelta conmigo?" El muchacho, muy impresionado, aceptó nervioso mientras la muchacha agarraba su mano con fuerza.
La pareja salió del recinto y empezó a dar un paseo por "La alameda" en dirección a un pequeño pero precioso puente situado al fondo, cerca de los jardines. "¿Podríamos pararnos aquí?" Dijo la chica coqueta. Agustín, por supuesto, asintió con la cabeza y empezó a contar uno de sus chistes para romper el hielo; al finalizar, la chica comenzó de nuevo "Hace muho calor..." Y se quitó su fina chaquetilla, dejando al descubierto una preciosa camisa de lino. "¿Quieres un poco de bocadillo?" Dijo él todo lo sonrojado que podía llegar a ser. La muchacha negó con la cabeza mietras Agustín empezaba a comérselo, mirando embobado la blusa de la muchacha, con sus colores violeta, carmesí... ¡Que bonito era ese color!.
La muchacha al principio sonreía, pero luego se sintió incómoda "¿Pasa algo?" preguntó impaciente. El muchacho sonrió y miró a la chica, que parecía molesta "No,no... esque el carmesí es muy bonito" Dijo el shakespeare con voz profunda. Miraba a Agustín asustada, estaba comiéndose todo el bocadillo a grandes bocados (dado que estaba muy nervioso, cosa que la chica no notó) "que asco" pensaba mientras miraba al muchacho. "¿Y haces deporte?" Le preguntó a Agustín, que levantó la cabeza de pronto, intentando tragar para responderla. Al ver que no lo hacía, la muchacha hizo otra pregunta "¿Tienes algún animal?", Agustín seguía intentando tragar cuando ella se levantó de pronto "¿Te molesta que te lo pregunte?" le dijo disgustada. El muchacho, al ver que no podía tragar, y sin miramientos, escupió el contenido de su boca "Esque estaba comiendo...¿Adonde vas?" Gritaba mientras la muchacha se alejaba tapándose la boca
Agustín, aunque casi se ahoga tragando el bocadillo (que para peor, era de chorizo) nunca entendió el porqué la chica se fué en mitad de la cita, aunque sus amigos se burlaron de él mucho tiempo, diciéndole "el chorizo", un nombre por el que lo llaman todos sus conocidos.
Valoración
Original (0)
Profundo (3)
Como la vida misma (0)
Mola (0)
Divertido (0)
thaaais,
COL·LEGI SALESIA SANT DOMENEC SAVIO | 12 Diciembre 2007 21:18
Un día fue a un polideportivo a ver el partido de fútbol de su hermano. Él no quería ir, pues decía que allí se aburriría demasiado. Su madre le obligó a ir. Se subió al coche enfadado y vio a un hombre de unos sesenta años que se le quedó mirando durante un rato, pero el ignoro su presencia, fue un visto y no visto. Entonces llegaron. Su hermano estaba muy ilusionado porque estaba Agustín allí y eso le animaba mucho. Se sentó en la grada con su madre, cogieron unos asientos donde se veía perfectamente la pista. Agustín no prestaba mucha atención al partido, mas bien miraba a la gente del público, aunque al ser un partidillo de unos niñitos pues no había mucha gente.
Le llamó la atención un hombre, un hombre mayor. Se quedó mirándolo y el hombre a él. Al cabo del rato se dio cuenta que era el mismo hombre que había visto en el puente, antes de subir al coche. Se empezó a preguntar como había llegado aquel hombre allí si cuando él había subido al coche el hombre aun estaba de pie en medio de la calle sin moverse, mirándole.
Al principio se asustó un poco, pero después pensó que sería otra persona, lo volvió a ignorar.
Por fin acabó el partido. La madre de Agustín trajo un bocadillo para su hermano, que se lo comió en menos de cinco minutos.
Cuando llegaron a casa fue hacia su habitación y cuando fue a cerrar la persiana volvió a ver al mismo hombre. Ya estaba asustado, muy asustado.
Bajó a la calle y le preguntó a aquel hombre quién era, qué quería y por qué le seguía. El hombre no dijo ni una palabra. Agustín insistía pero el hombre permanecía en silencio. En un momento que Agustín se giró por que había notado una sensación extraña detrás suyo, el hombre desapareció.
Ahora Agustín tiene sesenta años y mientras esperaba en la calle de pie a su nieto vio a un chico subirse en un coche con cara de enfadado y el chico también le miro. Agustín recordó esa escena y de aquí a unos años este chico también la recordá.
Valoración
Original (2)
Profundo (0)
Como la vida misma (0)
Mola (0)
Divertido (0)
_snd_parquesol_,
COLEGIO AVE MARIA | 17 Diciembre 2007 10:42
El motivo de que siempre llevara chandal y deportivas era porque casi todas las tardes iba al polideportivo para entrenar. Jugaba al rugby, esa era su gran pasión. Los días que tenía que ir al polideportivo, su madre le preparaba un bocadillo de jamón y tomate, "para que mi niño tenga enegías", como decía su madre.
Un día estaba dando un paseo después de entrenar y encontró un perro. Era muy pequeño, estaba mojado y tiritaba. Aquellos días el termómetro marcaba los siete grados bajo cero, uno de los inviernos más fríos que recordaba. Agustín no pudo evitar que aquel cachorro de bulldog, tan pequeño e indefenso, le diese pena, así que le metió en su bolsa de deporte, entre la ropa, para que entrara en calor y cruzó el puente para dirigirse a su casa lo más rápido posible.
Al llegar a casa, su madre le preguntó que qué llevaba en la mochila, que pesaba tanto. Agustín no sabía si contarle lo del perrito. No sabía cómo se lo tomaría, si llamaría a la perrera para que se lo llevasen en seguida o, en cambio, aceptaría que se quedase en casa. Solo la idea de ver al pequeño Pongo, así era como había decidido llamarle, en una celda de poco más de un metro y medio por un metro, dando vueltas y gimiendo hasta que alguna familia decidiese adoptarlo o hasta que, pasado ya algun tiempo....
Pensó esconderlo en su habitacion, así que cogió su bolsa y subió las escaleras a toda prisa. Al llegar a su habitacion, cerró la puerta y se apresuró a sacar de allí a Pongo y darle algo de comer.
Aún seguía tiritando, por lo que Agustín cogió una toalla y lo secó. Aunque no podía hablar, parecía que Pongo le estaba dando las gracias con aquellos ojos grandes y marrones. Al secarle, se dio cuenta de que tenía un collar alrededor del cuello. En la placa ponía el nombre, Tobby, la dirección del antiguo dueño y un número de teléfono. Agustín llamó por teléfono al antiguo dueño y quedó con él en llevar a Pongo al puente donde se lo encontró, aunque Agustín sabía que aquella no era la mejor opción.
Valoración
Original (0)
Profundo (0)
Como la vida misma (0)
Mola (0)
Divertido (2)
diamonds pink,
IES SIXTO MARCO | 7 Enero 2008 21:14
un día como otro cualquiera se puso a gastarle bromas a sus amigos, como siempre, solo que esta vez no hizo gracia y sus amigos se enfadaron con el .estuvo días y días solo sin que nadie le hablara iba al instituto solo, volvía solo, jugaba solo, incluso su familia, sin saber porque, tampoco le hablaba.estaba asustado porque nunca se habían cabreado sus amigos por una pequeña broma i sus padres no le hablaban y eso que el no les había hecho nada.al pasar dos semanas haciéndose él el desayuno, la comida, la cena y limpiando su habitación porque su madre ni le miraba se hizo un bocadillo i salio a la calle a pedirle perdón a sus amigos.les busco por todos los lados por donde siempre se juntaban, por donde nunca se juntaban, por callejones sin salida i fue a todas sus casas pero nada, no les encontraba. llego un momento que no sabia que hacer y se puso a llorar y pensó que solo le faltaba buscarles en el polideportivo al otro lado del río pero no sabia si ir allí, porque nadie le hablaba. se decidió a ir i mientras cruzaba el puente para cruzar al otro lado del río pensó "nadie me quiere para estar en este mundo como si viviera solo sin amigos sin mi familia que me quiera, no quiero vivir no vale la pena". se lo pensó dos veces pero se ato una piedra bastante pesada a la cintura i se sentó en la barandilla del puente, que era bastante alto, i se lanzo al precipicio. la policía lo encontró muerto en la orilla del río con desechos de basura todos lloraban por la tragedia porque nadie sabia que esa broma que le hicieron entre todo el pueblo le iba a afectar tanto. en unos segundos se despierta llorando, ¡todo era una pesadilla!, se levanta corriendo i ve a sus padres dormir i les abraza fuertemente llorando y dice: "ya no voy a gastar nunca mas bromas lo siento".
Valoración
Original (0)
Profundo (0)
Como la vida misma (0)
Mola (1)
Divertido (0)
marcos jesus,
IES PICOS DEL GUADIANA | 18 Enero 2008 13:59
paso un día por un puente y le encanto se bajo del coche y estuvo viendo la vista tan preciosas desde el puente que se ve, tenia un bocadillo y se lo comió mirando las vistas poco después se fue a casa se cambio y se fue al antideportivo a jugar a fútbol....
Valoración
Original (0)
Profundo (0)
Como la vida misma (1)
Mola (0)
Divertido (0)
Deyanira,
IES RAMON COLL I RODES | 22 Enero 2008 01:03
En el colegio no sacaba muy buenas notas, pero iba pasando de curso, saltando de suficiente en suficiente. Solo tenia sobresaliente en Música y Gimnasia, lo demás no parecía interesarle lo mas mínimo. Por las tardes, Agustín solía irse sin decir adiós, con el mp3 a todo volumen, escuchando alguna chorrada tipo Bob Siclair o David Tavare. Aunque aparentemente se llevaba bien con sus colegas, en el fondo era un muchacho solitario, ya que no le gustaba el fútbol, y sus colegas lo practicaban cada tarde al polideportivo mas cercano. Agustín, en cambio desaparecía sin dejar rastro, y ya nadie le veía hasta la mañana siguiente. Al principio, la gente hacia preguntas, pero mas tarde dejo de hacerlas, ya que jamas obtuvo una respuesta.
Pero la verdad, era que Agustín tenia un lugar secreto. Un lugar, que para el era su orgullo, y lo consideraba su segunda casa. Cruzando el puente de hormigón, iba haca un pequeño bosque, y se adentraba en el. Allá, año tras año, Agustín iba construyendo con sus propias manos una cabaña de madera, con cualquier chorrada encontrada por allí colchones viejos, laminas de madera abandonadas el las obras, sofás tirados a la basura....
En fin, cada día una mejora. Tras dos años de esfuerzo, tenia ya una casita hecha y derecha, donde uno no solo puede protegerse de la lluvia, sino también de perros que solían rondar por la zona. Tenia un altivo y branquioso árbol, por el cual trepaba con la habilidad de un mono de la Selva, subiendo hasta la mismísima copa. Le gustaba llamar aquel árbol "torre de vigilancia". Allí era donde mejor se sentía.
Aquel miércoles, fue a su cabaña como de costumbre, pero solo con acercarse al lugar donde esta se encontraba, noto que algo no marchaba bien. Se quedo inmóvil unos instantes. Olia a colonia cara, dulce y empalagosa, mezclada con olor a tabaco. Se arqueo, y muy lentamente, apretando la navaja que siempre llevaba en el bolsillo se acerco a la casita, que hasta entonces creía bien oculta e indetectable. Al acercarse un poco mas, vio una cabellera pelirroja muy densa. La propietaria de aquellos rizos se dio la vuelta bruscamente, y Agustín se relajo un poco. Se trataba de una chica aparentemente inofensiva, aparentemente de su misma edad, que estaba cómodamente sentada sobre su sofá y fumando un cigarrillo.
- Quien eres? - dijo el en tono borde, aunque la chica era bastante guapa.
- Soy Sara. Tu eres Agustín? Vamos al mismo colegio creo.... - Dijo ella con una voz dulce, tras soltar una hilera de humo.
- No te conozco, ni creo haberte visto nunca...Y por cierto, que haces tu en mi cabaña? - Dijo el, un poco sorprendido.
-Tranquilizate, que no muerdo. - sonrió Sara. - Solo he venido a pasar unas horas nada mas. No me apetecía mucho ir a clase, sabes? Como siempre. Y estoy aquí porque siempre que falto al colegio, exploro.
- Aaaah....- no supo que mas decir. No quería echarla, era muy mona, y empezaba a tener ganas de charlar un rato con ella. De pronto, sus tripas sonaron. Agustín se sonrojo, y Sara echo a reír. Saco de una bolsa que tenia al lado algo alargado y envuelto en papel alval.
- Toma. Es un bocadillo. De jamón. - dijo ella sonriente.
así fue, como a sus trece años, Agustín se enamoro por primera vez.
Valoración
Original (0)
Profundo (0)
Como la vida misma (3)
Mola (0)
Divertido (0)