TORDERA (Barcelona)
Dafhne
18 Febrero 2008 21:59
Mirando por una ventana de madera antigua, se encontraba Dafhne, una niña de diez años, cuya sonrisa no aparecía casi nunca y cuya imaginación iba más lejos que la de cualquier otro niño.
Dafhne era delgada, su estatura era la apropiada para su edad, sus ojos eran verdes cómo esmeraldas, y su cabello era largo y rubio del color del oro.
Vestía unos vaqueros oscuros, desgastados y agujereados por las rodillas, llevaba una camiseta de manga corta y con algún que otro hilo descosido.
Era alegre y soñadora, le encantaba soñar despierta, e imaginarse que su vida era como en los anuncios, le encantaban los anuncios, le daban a entender que la vida podía ser muy cómoda, si salías de tu mundo y entrabas al suyo, hacía diez veranos que había entrado en éste mundo que tanto odiaba, un mundo lleno de reglas, un mundo lleno de castigos, un mundo sin felicidad, el único ser humano que la entendía, le daba ánimos y la ayudaba era su buen amigo Eduard, también había llegado al orfanato con ella, hacía diez veranos.
Dafhne se preguntaba cuánto tiempo se quedaría allí, a menudo se imaginaba que algún día saldría de allí, que volaría por encima del orfanato dejando atrás toda su infancia, y todos esos malos recuerdos, que no miraría atrás hasta llegar a un cierto punto, tal punto era tan alto, que ya no se diferenciaba nada, ni dónde había pasado toda su infancia, ni dónde tenía esos malos recuerdos, y nadie diría que había estado en ese lugar toda la vida. Pero al abrir los ojos y continuar mirando a través del cristal, se dio cuenta por vigésimasegunda vez que ese mundo solo existía en los anuncios.
Dafhne era delgada, su estatura era la apropiada para su edad, sus ojos eran verdes cómo esmeraldas, y su cabello era largo y rubio del color del oro.
Vestía unos vaqueros oscuros, desgastados y agujereados por las rodillas, llevaba una camiseta de manga corta y con algún que otro hilo descosido.
Era alegre y soñadora, le encantaba soñar despierta, e imaginarse que su vida era como en los anuncios, le encantaban los anuncios, le daban a entender que la vida podía ser muy cómoda, si salías de tu mundo y entrabas al suyo, hacía diez veranos que había entrado en éste mundo que tanto odiaba, un mundo lleno de reglas, un mundo lleno de castigos, un mundo sin felicidad, el único ser humano que la entendía, le daba ánimos y la ayudaba era su buen amigo Eduard, también había llegado al orfanato con ella, hacía diez veranos.
Dafhne se preguntaba cuánto tiempo se quedaría allí, a menudo se imaginaba que algún día saldría de allí, que volaría por encima del orfanato dejando atrás toda su infancia, y todos esos malos recuerdos, que no miraría atrás hasta llegar a un cierto punto, tal punto era tan alto, que ya no se diferenciaba nada, ni dónde había pasado toda su infancia, ni dónde tenía esos malos recuerdos, y nadie diría que había estado en ese lugar toda la vida. Pero al abrir los ojos y continuar mirando a través del cristal, se dio cuenta por vigésimasegunda vez que ese mundo solo existía en los anuncios.
Palabras-reto:
hogar | glamour | felicidad








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