BURRIANA (Castellon)
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17 Febrero 2008 16:34
Abrí los ojos despacio… ¿dónde estaba? Rodeada de blanco, la luz entraba por una espaciosa ventana enfrente de mi cama…
Él la vio incorporarse lentamente, su corazón dio un vuelco.
Tras el accidente, una profunda cicatriz surcaba su mejilla derecha. La miró con los ojos empañados. Decididamente seguía poseyendo esa enigmática belleza que él recordaba; pero después de tanto tiempo…
Su pálida piel presentaba algunos rasguños en las manos y en diversas partes de su delicado cuerpo, sin embargo su rostro era el más perjudicado, unos arañazos intensos que le recorrían el cuello terminaban en su pequeña nariz llena de pequitas, que fruncía debido al dolor que le causaba el movimiento más leve.
Bajo sus perfiladas cejas, los ojos, rodeados de espesas pestañas negras, húmedos y desconcertados, miraban al joven sentado, tenso, en una austera silla al lado del lecho.
Esa luz misteriosa que los caracterizaba tampoco había desaparecido, eso le gustó, y a pesar de que ahora tenía un aspecto un tanto enfermizo, esa grácil figura continuaba atrayéndole fuertemente.
Cuando le sonrió notó que los finos labios, tiernos y sutiles, que ella se solía morder ligeramente, de nerviosismo antaño, estaban lastimados. Únicamente su cabello, castaño cobrizo, mantenía la elegancia que recordaba, largo, sedoso, siempre peinándoselo con primor… se lo acarició cariñoso, mientras ella parecía volver a la realidad.
- ¿Eres tú? - pregunté. Me sentía confusa y terriblemente cansada.
Empecé a notar un desagradable sabor a sangre la boca.
Él la vio incorporarse lentamente, su corazón dio un vuelco.
Tras el accidente, una profunda cicatriz surcaba su mejilla derecha. La miró con los ojos empañados. Decididamente seguía poseyendo esa enigmática belleza que él recordaba; pero después de tanto tiempo…
Su pálida piel presentaba algunos rasguños en las manos y en diversas partes de su delicado cuerpo, sin embargo su rostro era el más perjudicado, unos arañazos intensos que le recorrían el cuello terminaban en su pequeña nariz llena de pequitas, que fruncía debido al dolor que le causaba el movimiento más leve.
Bajo sus perfiladas cejas, los ojos, rodeados de espesas pestañas negras, húmedos y desconcertados, miraban al joven sentado, tenso, en una austera silla al lado del lecho.
Esa luz misteriosa que los caracterizaba tampoco había desaparecido, eso le gustó, y a pesar de que ahora tenía un aspecto un tanto enfermizo, esa grácil figura continuaba atrayéndole fuertemente.
Cuando le sonrió notó que los finos labios, tiernos y sutiles, que ella se solía morder ligeramente, de nerviosismo antaño, estaban lastimados. Únicamente su cabello, castaño cobrizo, mantenía la elegancia que recordaba, largo, sedoso, siempre peinándoselo con primor… se lo acarició cariñoso, mientras ella parecía volver a la realidad.
- ¿Eres tú? - pregunté. Me sentía confusa y terriblemente cansada.
Empecé a notar un desagradable sabor a sangre la boca.
Palabras-reto:
miedo | manzana | amnesia








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