VILANOVA DE AROUSA (Pontevedra)
El hombre misterioso
15 Febrero 2008 19:44
Una de esas noches en las que recorro el pequeño pueblo donde me encuentro, y en uno de esos lugares donde suelo sentarme a pensar en mis pequeños, pero constantes problemas, un hombre desde lo lejos se fue acercando lentamente hacia mí. Su figura era la de un hombre fuerte y de estatura más bien alta. Al verlo de lejos sentí como un escalofrío me recorría el cuerpo. Ese hombre sin duda tenía algo que lo hacía misterioso. Su andar lento, sus pies de gran tamaño arrastrados sobre la tierra... Parecía un actor de películas de acción, quizás bombero o guardaespaldas, pues su físico era espectacular. Sin duda era un hombre que pasaba la mitad de su día metido en el gimnasio trabajando su cuerpo.
A medida que se iba acercando, me fijé en su rostro. Tenía los ojos de un azul muy intenso, del color que acostumbra a estar el cielo en los preciosos días de verano; su piel era dorada, como la que suele tener la gente a la que le gusta pasar momentos de tranquilidad en la playa tumbada en sus toallas durante horas; sus labios carnosos; su nariz chata y bonita y sus orejas pequeñas. Pero sin duda lo que más me sorprendió fue su mirar melancólico, sus rasgos de tristeza, su rostro de soledad... La primera impresión que tuve de él fue la de un hombre un tanto misterioso, seguro de sí mismo por su estupendo físico, pero al tenerlo al lado pude descubrir que era una persona sensible, pues su mirada expresaba dulzura y una gran ternura. Supe, al mirarme fijamente, que tenía unas ganas tremendas de hacerme comprender que, a parte de tener un gran físico, tenía un gran corazón. Estoy segura de que así era.
A medida que se iba acercando, me fijé en su rostro. Tenía los ojos de un azul muy intenso, del color que acostumbra a estar el cielo en los preciosos días de verano; su piel era dorada, como la que suele tener la gente a la que le gusta pasar momentos de tranquilidad en la playa tumbada en sus toallas durante horas; sus labios carnosos; su nariz chata y bonita y sus orejas pequeñas. Pero sin duda lo que más me sorprendió fue su mirar melancólico, sus rasgos de tristeza, su rostro de soledad... La primera impresión que tuve de él fue la de un hombre un tanto misterioso, seguro de sí mismo por su estupendo físico, pero al tenerlo al lado pude descubrir que era una persona sensible, pues su mirada expresaba dulzura y una gran ternura. Supe, al mirarme fijamente, que tenía unas ganas tremendas de hacerme comprender que, a parte de tener un gran físico, tenía un gran corazón. Estoy segura de que así era.
Palabras-reto:
azul | guardaespaldas | tristeza








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