LAS PALMAS DE GRAN CANARIA (Las Palmas)
El cuarto oscuro
14 Febrero 2008 23:40
Sam era como cualquier chica de su edad, alegre, fantasiosa y llena de ilusiones. Su hermosa cabellera rubia la hacía destacar más de lo que a ella le hubiese gustado, pero sus grandes ojos azules hacían imposible que pudiera pasar desapercibida. Vivía con sus padres y su hermana mayor en un edificio en el que ella creía que ocurrían cosas extrañas. Estaba convencida que era a consecuencia de una puerta de color negro que había en el descansillo del garaje. De ella provenían extraños ruidos, o así le parecía a ella. No podía evitarlo, aquella puerta era capaz de mantenerla en vela toda la noche...su imaginación volaba. Preguntó a su madre por aquella misteriosa entrada negra. Le contó, que antiguamente el portero guardaba en él las bicicletas de los niños que residían en el edificio, y también que hacía ya varios años no se abría, ya que la cerradura había sido forzada en varias ocasiones. Desde entonces, nadie había entrado ahí.
Al día siguiente, en el instituto, les contó a Andrea y a Carla, sus amigas, lo que ocurría. Un fin de semana, las invitó a las dos a dormir a su casa para que comprobaran por ellas mismas lo misteriosa que resultaba aquella puerta, y que lo que ella les había contado era cierto.
A media noche, cuando todos dormían, Sam, Carla y Andrea se prepararon. Cogieron sus abrigos, y equipadas con tres linternas y salieron sigilosamente de su casa. Bajaron a pié los siete pisos que las separaban del garaje, la mitad de ellos a oscuras, alumbradas por la débil luz de las linternas. Al bajar el último tramo de escalera, las tres linternas, simultáneamente alumbraron la misteriosa puerta. Sus corazones latían en sus gargantas y la emoción se había apoderado de ellas...hasta que Carla tropezó con una maceta provocando un gran revuelo que las sacó de inmediato de su trance. Corrieron a ayudarla, y al levantar la maceta vieron que algo brillaba entre la tierra desparramada. -¡UNA LLAVE! -gritaron tratando de ahogar sus asustadas voces. Los ojos de Sam brillaban de la emoción...
Al día siguiente, en el instituto, les contó a Andrea y a Carla, sus amigas, lo que ocurría. Un fin de semana, las invitó a las dos a dormir a su casa para que comprobaran por ellas mismas lo misteriosa que resultaba aquella puerta, y que lo que ella les había contado era cierto.
A media noche, cuando todos dormían, Sam, Carla y Andrea se prepararon. Cogieron sus abrigos, y equipadas con tres linternas y salieron sigilosamente de su casa. Bajaron a pié los siete pisos que las separaban del garaje, la mitad de ellos a oscuras, alumbradas por la débil luz de las linternas. Al bajar el último tramo de escalera, las tres linternas, simultáneamente alumbraron la misteriosa puerta. Sus corazones latían en sus gargantas y la emoción se había apoderado de ellas...hasta que Carla tropezó con una maceta provocando un gran revuelo que las sacó de inmediato de su trance. Corrieron a ayudarla, y al levantar la maceta vieron que algo brillaba entre la tierra desparramada. -¡UNA LLAVE! -gritaron tratando de ahogar sus asustadas voces. Los ojos de Sam brillaban de la emoción...
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