TARRAGONA (Tarragona)
Noche
14 Febrero 2008 21:02
Muchos pensaban que era una chica normal. Su melena desordenada y pelirroja podría haber llamado la atención si ella no llevase la timidez pintada en el rostro; las pecas encima de la respingona nariz le daban un aire dulce e inocente; las manos pequeñas, blancas y finas con unas uñas perfectas siempre se buscaban la una a la otra en momentos de ansiedad. Se esforzaba para no destacar, y lo conseguía incluso con un nombre poco corriente: Luna.
Hacía las cosas típicas de los quinceañeros: salía con los amigos, se conectaba a internet, estudiaba de vez en cuando, iba al cine. En sus tardes libres iba al conservatorio y tocaba el piano, sin destacar en habilidad pero con esfuerzo y dedicación; era una deportista mediocre, pero se desenvolvía bastante bien sobre los patines, así que solía ir a la pista de hielo dos o tres veces a la semana.
Si se les hubiese preguntado a sus compañeros qué tenía de especial, no hubieran sabido qué contestar, aunque era fácil darse cuenta: con sólo mirarla a los ojos durante unos segundos, esos dos cristales verde esmeralda se convertían en pozos de dolor, transmitiendo miedos y dudas al que se veía reflejado en ellos. De los que habían descubierto sus ocultos sentimientos, ninguno se había atrevido a preguntarle el por qué de esa mirada insegura, y probablemente ella no les habría contestado. Por miedo.
Cada noche, al llegar al lugar que más odiaba -su casa-, la vida de Luna se convertía en una pesadilla. Y no tenía el valor de contarlo, de escapar, ni de combatirlo. Al fin y al cabo... se trataba de su propio padre.
Hacía las cosas típicas de los quinceañeros: salía con los amigos, se conectaba a internet, estudiaba de vez en cuando, iba al cine. En sus tardes libres iba al conservatorio y tocaba el piano, sin destacar en habilidad pero con esfuerzo y dedicación; era una deportista mediocre, pero se desenvolvía bastante bien sobre los patines, así que solía ir a la pista de hielo dos o tres veces a la semana.
Si se les hubiese preguntado a sus compañeros qué tenía de especial, no hubieran sabido qué contestar, aunque era fácil darse cuenta: con sólo mirarla a los ojos durante unos segundos, esos dos cristales verde esmeralda se convertían en pozos de dolor, transmitiendo miedos y dudas al que se veía reflejado en ellos. De los que habían descubierto sus ocultos sentimientos, ninguno se había atrevido a preguntarle el por qué de esa mirada insegura, y probablemente ella no les habría contestado. Por miedo.
Cada noche, al llegar al lugar que más odiaba -su casa-, la vida de Luna se convertía en una pesadilla. Y no tenía el valor de contarlo, de escapar, ni de combatirlo. Al fin y al cabo... se trataba de su propio padre.
Palabras-reto:
madre | lágrimas | suerte








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