OLEIROS (SANTA MARIA OLEIROS) (A Coruña)
Quien no sabía quién era
13 Febrero 2008 20:25
Él era callado, porque no tenía absolutamente nada que decir. Era soñador, porque jamás había tenido segunda oportunidad. Era amable, porque nunca encontró una razón para no serlo.
Era brusco, porque tampoco había motivos para suavizar su voz.
Era bajito, porque de pequeño le habían repetido que no lograría llegar muy alto. Era flaco, porque dificilmente podía comer, no le gustaba. Huesos que perforaban (suaves, dulces) su piel (áspera, huraña).
Sus manos eran muy grandes, de dedos largos y un poco gruesos, no hermosas, pero él las amaba. Los ojos no eran enormes, ni azules ni verdes, sino de un castaño árbol caído. Ojos que no destacaban en una multitud. Nada en él. Ni sus gafas, ni cuadradas ni redondas, de una forma ambigua.
Las mejillas eran rasposas, con huecos y alguna que otra arruga despistada, aunque aún no pasaba de los cuarenta. Morenas.
Pelo que encanecía lentamente, la carrera que el marrón sabía que acabaría perdiendo contra el gris. Había sonado ya el pistoletazo de salida.
Era un hombre normal, al fin y al cabo, se decía. Ni un héroe ni un protagonista, ni una vida con derecho a ser contada. Y todo en él, sin embargo, emanaba algo, un aroma, una luz, un aura, si existe, que anunciaban lo que realmente era.
El poeta.
Era brusco, porque tampoco había motivos para suavizar su voz.
Era bajito, porque de pequeño le habían repetido que no lograría llegar muy alto. Era flaco, porque dificilmente podía comer, no le gustaba. Huesos que perforaban (suaves, dulces) su piel (áspera, huraña).
Sus manos eran muy grandes, de dedos largos y un poco gruesos, no hermosas, pero él las amaba. Los ojos no eran enormes, ni azules ni verdes, sino de un castaño árbol caído. Ojos que no destacaban en una multitud. Nada en él. Ni sus gafas, ni cuadradas ni redondas, de una forma ambigua.
Las mejillas eran rasposas, con huecos y alguna que otra arruga despistada, aunque aún no pasaba de los cuarenta. Morenas.
Pelo que encanecía lentamente, la carrera que el marrón sabía que acabaría perdiendo contra el gris. Había sonado ya el pistoletazo de salida.
Era un hombre normal, al fin y al cabo, se decía. Ni un héroe ni un protagonista, ni una vida con derecho a ser contada. Y todo en él, sin embargo, emanaba algo, un aroma, una luz, un aura, si existe, que anunciaban lo que realmente era.
El poeta.
Palabras-reto:
lápiz | taza | calendario
Tags:
hombre









