Marieta,
COLEGIO AVE MARIA | 30 Noviembre 2007 09:26
Eugenia siempre se alegraba al ver a sus nietos Luis y Sara corriendo y haciendo trastadas en su casa. Tenía tal amor por ellos que casi todos los días, despues del colegio, iban a comer a casa de su abuela. Eugenia les mimaba demasiado y les daba de comer lo que a ellos les gustaba: macarrones con queso y filete y de postre, un plátano. Cuando sus nietos terminaban de comer, Eugenia solía contarles historias de amor, de fantasía y las que más les gustaban eran aquellas en que aparecía algún fantasma.
A ella le encantaba pasar el tiempo con sus nietos y disfrutaba contándoles tantas historias. Cuando sus nietos se iban a su casa, Eugenia se quedaba sola, pero al poco tiempo se ponía guapa y se pintaba para ir de paseo con sus amigas. Se lo pasaban muy bien jugando al bingo o a las cartas y casi siempre ganaba. En el bar al el que siempre iba a jugar con sus amigas emitían por la televisión un partido de tenis. A ella le encantaba el tenis, lo había practicado desde joven pero ya no tenía edad para ello.
Cada tarde esperaba el momento de llegar a casa y poder leer el libro que más le gustaba. Tranquila y sentada en el sillón, se pasaba horas leyendo y había veces que se dormía mientras leía. Su corazón latía fuerte y, mientras dormía, soñaba felizmente con todas las personas a las que quería: sus amigos, sus nietos, sus hijos y... su marido.
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laurix,
COLEGIO AVE MARIA | 2 Diciembre 2007 20:53
Eugenia era una cocinera frustrada y una repostera en potencia. Los dulces eran una de sus grandes pasiones. La gustaba tanto cocinarlos y prepararlos, como al final, y una vez terminada la receta consumirlos con una de sus bebidas preferidas, el té. A consumirlos le ayudaban todos los sábados por la tarde sus dos nietos, que era cuando normalmente iban a visitarla. ¡ Y cómo llegaban los niños! derechitos a la cocina al olor de la famosa tarta de plátanos de Eugenia.Ella disfrutaba tantísimo viéndoles comer el dulce que se la olvidaban por un rato sus dolores de espalda y sus achaques. Esperaba ansiosamente a que llegaran las vacaciones de navidad para ir a casa de su hija, a disfrutar en compañía de esos días, a acompañar a los niños a sus clases de tenis y si era posible dar algún paseíto con su nuera por alguno de sus comercios preferidos. Porque Eugenia, aunque algo mayor, seguía manteniendo aquel aire distinguido y un tanto burgués del pasado, que de vez en cuando afloraba y la hacía gastarse parte de su pensión en algún caprichito. Una vez acabadas las navidades, Eugenia siempre vuelve a su casa, triste, apagada, cabizbaja y un tanto preocupada por no poder conciliar el sueño de un tirón. Algunas mañanas tenía la sensación de haber recibido la visita, durante la noche, del fantasma de Antonio, su marido muerto años atrás y entonces llamaba por teléfono a su amiga Cayetana y se refugiaba en su inmensa compresión durante un buen rato de charla. El día preferido de Eugenia era el lunes, era cuando quedaba con su pandilla de antiguas amigas para jugar a las cartas, merendar algo y charlar y recordar viejas historias de cuando eran jóvenes y estaban en la plenitud de la vida. Ella les contaba los innumerables viajes que hacía con su marido y lo que le gustaba montar en avión para recorrer países, sin preocuparla hacer y deshacer una y otra vez el equipaje, simplemente por el placer de conocer otros lugares, otras culturas y otras gentes.
A la edad de Eugenia, al igual que a otras de sus contemporáneas, aunque no se resintieran seriamente de su salud, siempre tenían aquellos achaques típicos de los años, y que la hacían visitar al Doctor Martín por lo menos una vez al mes. Este hacía más las veces de psicólogo que de otra cosa. Charlaba con ella un rato y la expedía las mismas recetas de siempre para los mismos dolores que padecía desde hacia años y que nunca la abandonarían. Ella salía toda contenta de estas visitas ya que por fin alguien la entendía y la atendía como ella necesitaba y además no la negaba sus males y sus dolores, aquel médico era su pequeña salvación una o dos veces al mes.
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:-)Pau(-:,
COLEGIO AVE MARIA | 3 Diciembre 2007 17:03
Un día, su nieto le invitó a que fuese a verle a un partido de tenis muy importante que jugaba y esta asistió sin ningún inconveniente. Estando ya en las pistas de tenis, Eugenia vio a duras penas a lo lejos una cara que le resultó familiar. Había visto tras sesenta años, al que tal vez fue su gran amor, su amor imposible. Ese hombre era Felicio, los dos fueron novios en el instituto y todavía se recordaban, aún habiendo pasado un montón de años. Eugenia y Felicio se saludaron y se contaron que había sido de su vida hasta entonces. Ambos sabían que todavía quedaba algo especial entre ellos dos.
Quedaron al día siguiente en el club de la tercera edad del barrio, pero Felicio sorprendió a Eugenia invitándola a pasear. Iban andando por el parque, cuando el hombre vio a una señora vendiendo flores y decidió comprar un enorme ramo de rosas rojas a Eugenia, ya que él sabía que esas eran sus preferidas. Al dárselo, Eugenia recibió otra sorpresa que no le agradó tanto. Felicio fue directo a darle un beso pero ella no lo permitió, tenía muy presente a su difunto marido.
Ese día fue muy especial para Eugenia porque aún habiendo rechazado el beso, ella sabía perfectamente lo que sentía por Felicio. Pero en sus sueños no todo fue así. Eugenia soñó que se le aparecía el fantasma de su marido y se enfadaba tanto con ella y con Felicio que decidía deshacerse de él como fuese. El fantasma ponía una cáscara de plátano en el suelo para hacer que Felicio se resbalase pero....
Eugenia se despertó asustada. Menos mal que todo fue un sueño pero a pesar de solo serlo, decidió hablar con Felicio y decirle que lo suyo fue y seguiría siendo un amor imposible.
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nerea,
IES JOSE MARIA PARRA | 17 Diciembre 2007 09:11
La verdad es que daba pena el que viviese sola, por ser una persona tan anciana y mayor.
Desde los 75 años hasta los 95 se le pasó demasiado lento, porque nadie le hacía caso. Era como un fantasma vagando por las calles, en verdad daba envidia que tuviese toda esa vitalidad en su cuerpo. Si le preguntáramos cuál era su elixir de la vida...no sé lo que contestaría, pero sé que lo llevaba muy bien, eso de la edad y tal.
En su casa, ella tenía una gran platanera, y sólo producía un plátano cada vez.
Esta mujer mayor deseaba poder hacer todo lo que hacía antes... jugar a tenis, nadar, ligar, incluso con jovencitos..., pero bueno, a todo el mundo le llega su fin.
Un día la panadera se extrañó de que la mujer no apareciera como cada mañana a por su pan. Fue a su casa sólo por curiosidad, se asomó a la habitación y allí estaba la mujer, tumbada en la cama, con cara de descanso. Imaginaos lo que ocurrió, desde aquel día el pueblo dejó de tener la misma vida. Le hicieron el entierro más grande e impresionante de aquellos tiempos. Una cosa me queda por destacar, desde aquel día la platanera dejó de dar plátanos.
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Tiza,
COLEGIO AVE MARIA | 25 Diciembre 2007 22:57
El año pasado, en Nochebuena, mientras Eugenia disponía la cena antes de que llegaran sus invitados, reparó en una fotografía que, adornada por un marco de plata, descansaba sobre la estantería del salón. Estaba oculta por un par de estatuillas de escayola y varios “dibujos” de sus nietos. La miró con detenimiento. Recordaba perfectamente cuándo la habían tomado: fue durante la cena de Nochebuena de hace cuatro años, la última cena de Nochebuena que habían compartido con su marido. En ella aparecían los dos, sonriendo, rodeados por sus cinco nietos, que ahora ya son nueve. Eugenia podría haberse entristecido al contemplar la imagen, pero su talante alegre le hizo traer a la memoria lo divertida que había resultado aquella reunión. Lorena, la benjamina de sus hijas, aprovechó la ocasión para presentarles a su novio, con el que un año y medio más adelante se casaría. “Pasó la prueba de fuego”, pensó Eugenia, “con elegancia, además”. Es cierto: Carlos llegó con tres cajas de bombones (seguramente Lorena le había puesto al corriente de que eran familia numerosa) y se las entregó a Eugenia después de lanzarle el típico piropo: “Ya sé por qué Lorena es tan guapa”. Les rió todas las gracias a los que hoy son sus cuñados, también los chistes malos (tipo “va una canica y vuelca”). Superó con un once sobre diez el interrogatorio fructífero al que el cabeza de familia le sometió. De hecho, a la peligrosa pregunta de quién quería que ganara, si el Barcelona o el Madrid, optó por contestar que prefería el tenis antes que el fútbol y que, de animar a algún equipo, animaría al Numancia, dado que era de Soria. No pudo tomar la tarta de plátano con nueces que Eugenia había preparado con tanto esmero porque los pequeños de la casa insistían en que les contara un cuento. Carlos decidió entonces contarles el clásico de Charles Dickens, adaptado para que pudieran entenderlo. ¡Qué sorprendidos se quedaron al oír hablar de fantasmas!
Eugenia repasaba con cariño estas imágenes en su mente sin darse cuenta de que un fantasma la estaba observando atentamente desde la ventana.
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manu krak,
COLEGIO AVE MARIA | 6 Enero 2008 00:21
Eugenia tenía un hermano que no conocía y que desconocía su nombre,por desgracia,pero nunca vivió triste.Eugenia,como siempre,iba al club de tenis,como socia que era.Allí se reunía con todas sus amigas,y hablaban de ropa,del deporte,e incluso de chicos,pese a su mayor edad.Allí Eugenia se sentía como en casa,ya que todo el mundo la trataba con cariño.Estaba Eugenia hablando con todas sus amigas,tomandose un vermú,cúando paso un abuelo de unos 80 años,pero de aspecto envidiable.Eugenia estaba enamorada.Desde ese momento,Eugenia no paraba de pensar en él,se pensaba que nunca hablaría con él,pero esto cambió cuando un día,en la calle, el abuelo,llamado Avelino,se acercó a ella.Eugenia no se lo creía,ya que este le había invitado a tomar una copa en el club.Llegó el día,pero el que no llegó fue Avelino.Pronto,Eugenia se enteró de que este había fallecido,desgraciadamente,al resbalar con una cáscara de platano.Eugenia desde entonces nunca coinciliaba el sueño.Un día por la noche,a Eugenia le pareció ver un fantasma,que le decía que Avelino era su hermano.Eugenia nunca fue la misma.......
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Eduardo Fersan16,
COLEGIO NAZARET | 23 Enero 2008 13:39
Eugenia se levantó ese día con ganas de hacer deporte, así que llamo a su amiga Leonarda, y se fuero a echar un partido de tenis 5 sets, Eugenia iba ganando el partido y en uno de los descansos se sentó a comerse un plátano, rico en potasio, pero no se acordo de tirar la monda a la papelera y ésta se quedo en medio de la pista, Eugenia continuó el partido pero en una jugada desgraciada se resvaló con la monda del plátano y se dio un fuerte golpe en la cabeza que la mató al instante, su amiga Leonarda no sabía que hacer y lo primero que hizo fue tirar la monda deplátano con la que se había tropezado su amiga. Unos minutos más tarde un policía que estaba patrullando la zona, vio el cadáver y fue a inspeccionar lo que había ocurrido, tras comprobar todas las pruebas que había quedado en la escena del crimen no le quedo otraque detener a Leonarda ya que era la principal sospechosa del asesinato de Eugenia. Leonarda apeló a su abogado, pero demostrar que el asesino era el plátano no era nada fácil. Leonarda se presentó al juicio, pero tenía pocas oportunidades de defenderse, cuando Leonarda iba a ser condenada su abogado enseñó a todos los presentes el plátano y lo presentó como asesino, todos los presentes se rieron y lo condenaron a cadena perpetua por burlarse del juez, Leonarda ya no tenía salida pero en el momento en el que la iban a condenar apareció el fantasma de Eugenia con un hacha e hizo añicos el martillo con el que se da sentencias, el ingenuo juez pidió a los guardias que la sacaran de la sala, pero Eugenia con las fuerzas de un león le pegó un golpe en la cabeza al juez y lo dejó incosciente, Eugenia declaró a favor de su amiga, que quedó libre y las dos se fueron a jugar al tenis, esta vez Eugenia perdió ya que las bolas transpasaban su raqueta. Después Eugenia volvió donde devía estar, al reino de los que ya han muerto, pero no le preocupaba porque muy pronto se vería de nuevo con Leonarda, su íntima y preferida amiga y lo más importante se las vería con su verdugo, el plátano.
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María Peinazo,
COLEGIO VIRGEN DEL ROCIO | 30 Enero 2008 16:35
Consciente de su carrera en dirección frontal contra la muerte, cada vez a más velocidad por parte de los dos bandos, decidió aferrarse a la idea de no ser consciente del tiempo que pasaba. Y es tanto el descontrol que le supuso esta manía de huir de los relojes, que podía vérsele a las seis de la mañana despierta, ojeando una revista llena de esquisitas recetas de dulces magníficos que las abuelitas suelen preparar, o quedándose dormida mientras tomaba un plátano de postre, tras los tradicionales almuerzos en los que no faltaba la tortilla de patatas, con su vieja amiga Ana. Y es gracias, o desgracia ( a vista de cada uno ), a esta costumbre que Eugenia había tomado desde su setenta y seis cumpleaños, que esta jovenzuela, psicológicamente, porque físicamente ya hacía tiempo que había olvidado todas esas clases de tenis que tomó en su infancia, sufría constantemente burlas por parte de su cansado cerebro. Podría resaltarse aquel día en el que tan solo durmió un par de horas y se dispuso a ir a comprar el pan. Confundió al vecino del 5ºC, que iba vestido con un impecable traje blanco y con gran barba cubriendo su barbilla, con un fantasma, porque este le recordó al difunto José Alberto, que en paz descanse. Nunca nadie había visto a Eugenia correr tanto como esa mañana, ni siquiera superaba la velocidad que llegaba a alcanzar cuando corría con la escoba en la mano detrás de las salamanquesas que se colaban por las ventanas de su habitación. Aparentaba ser una niña, debido a su tan corta estatura. Si no fuese por ese inconfundible traje de flores rojas que solía llevar, la señora García, la del 1º, le hubiese confundido con una amiga de su hija, cuando le vio bajar a la velocidad de la luz por las escaleras del portal número siete de la calle Melancolía. Después del susto recibido, y temiendo que su mente volviese a jugarle una mala pasada, decidió instalar un reloj de esos del tamaño de un gigante en su, un tanto descuidado, salón. Desde ese día vuelve a sentir el paso del tiempo cada vez que ese maldito pájaro de color azulado saca su cuerpo fuera del reloj, pero al menos le alegra la idea de saber que corre menos riesgo de que acabe con su vida un ataque al corazón.
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EGO,
IES AXULAR | 14 Febrero 2008 21:15
Eugenia vivía en un pueblo muy pequeño. Donde todos se conocían y eran de una edad bastante mayor.
En lo alto del pueblo había una casa bastante grande. Era de dos pisos, y en el segundo había un gran balcón desde la cual se podía llegar a ver todo el pueblo desde una punta a otra. En el primer piso había un pequeño jardín con un camino de entrada a la casa y una caseta de perro.La casa era muy bonita y era ideal para vivir,pero, cada vez que alguien iba vivir a ella ocurrían cosas muy raras asta tal punto que la gente abandonaba la casa.La gente del pueblo decía que había fantasmas, porque no era normal que se fuera la gente de la manera que se iba.
un día un jugador de tenis muy famoso fue a vivir a la casa, desconociendo fenómenos par anormales que solían suceder.después de un tiempo de estar en el pueblo y de abarse enamorado locamente de nuestra protagonista Eugenia empezaron a su cederle casa estarnas el y en la casa.
después de un tiempo se fue a vivir con Eugenia. aunque no por mucho tiempo ya que no pararon de su cederle cosas estarnas y una de ellas y por culpa de una cascara de plátano falleció y Eugenia siguió viviendo sola.
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karol,
COLEGIO AVE MARIA | 15 Febrero 2008 10:03
Siempre había sido una persona muy abierta, le encantaba recordar anécdotas de cuando los años todavía no habían tenido un valor demasiado grande. Un día, caminando por la calle, se encontró con una vieja amiga que hacía tiempo no veía. De repente, una sonrisa se le puso en esa cara, sólo de saber que había encontardo a una de las personas con la que compartió muchos momentos de su infancia. Empezaron a charlar como si se les fuera acabar el tiempo para hablar... ambas se sentaron en un banco y comenzaron con la que sería una recopilación de todos los momentos vividos.
Paca, la amiga de Eugenia, estaba también con su nieto, que como eran carnavales, iba disfrazado de fantasma con un plátano en la mano, ya que el pequeño estaba merendando, para emprender su trayecto hasta el gran parque, que tenía también una pista de tenis... Paca y su nieto iban al parque todas las tardes. Así, poco a poco, palabra tras palabra, la tarde pasaba y no dejaban de hablar.
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